A Red, Red Rose (by Robert Burns)

Salzburg, Austria. A close view of a red rose with rain drops on it.
Salzburg, Austria. A close view of a red rose with rain drops on it.

A Red, Red Rose

O my Luve's like a red, red rose,
       That's newly sprung in June;
O my Luve's like the melodie
       That's sweetly play'd in tune.

As fair are thou, my bonie lass, 
       So deep in luve am I;
And I will luve thee still, my Dear,
       Till a' the seas gang dry.

Till a' the seas gang dry, my Dear,
       And the rocks melt wi' the sun:
I will luve thee still, my dear,
       While the sands o' life shall run.

And fare thee weel, my only Luve!
       And fare thee weel, a while! 
And I will come again, my Luve,
       Tho' it were ten thousand mile!

Robert Burns (25 January 1759, Alloway, Ayrshire, Scotland - 
21 July 1796, Dumfries, Scotland)

[Una rosa, rosa roja

Mi Amor es como una rosa, rosa roja,
que acabara de florecer en junio;
mi Amor es como una melodía
dulcemente interpretada.

Así eres, mi dulce amada,
y tan profundo es mi amor
que te seguiré amando, querida mía,
hasta que se sequen los mares.

Hasta que se sequen los mares, querida mía,
y las rocas se deshagan con el sol:
te seguiré amando, querida mía,
mientras la arena de la vida se agota.

¡Adiós, mi único Amor!
¡Me despido de ti durante un tiempo!
¡Volveré a ti, mi Amor,
aunque miles de kilómetros nos separen!*

*Traducción de María Luisa Abalo ]


Partitura: National Library of Scotland Imagen: The telegraph
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Que la poesía sea parte del paisaje

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Para todos aquellos que aún no disfrutan de la poesía:

1. No es necesario «entender de poesía» para leer un poema.

La poesía es una experiencia como muchas otras. Para tener una experiencia solo hacen falta dos requisitos: tener curiosidad y dejarse llevar.

2. Un poema no se puede leer deprisa.

Las buenas experiencias nunca son instantáneas.

3. Cuando se lee un poema, es más importante el oído que la vista.

Está bien preguntarse: «¿Qué significa?», pero es mucho mejor preguntarse: «¿Qué sonido me transmiten estas palabras?».

Por esa razón, es interesante leerlo en voz alta (o baja).

4. Hay que buscar «la fotografía».

No importa que no la encontremos a la primera. Eso se consigue con la práctica. Cuando detectemos una imagen, hay que intentar verla (y sentirla) en nuestra imaginación.

5. Podemos elegir cuál, dónde y cuándo.

Leer poesía es como escuchar música. No siempre escuchamos la misma ni en el mismo lugar. Depende de nuestro estado de ánimo elegir cuál leeremos, dónde y cuándo.

6. No existe la poesía difícil.

No existe ni un solo poema difícil de leer. Solo hay que atreverse a intentarlo.

En abril, las aguas mil

     Son de abril las aguas mil.
Sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil.
Agua y sol. El iris brilla.
En una nube lejana,
zigzaguea
una centella amarilla.
La lluvia da en la ventana
y el cristal repiquetea.
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
se divisa un prado verde,
y un encinar se esfumina,
y una sierra gris se pierde.
Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,
y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.
Lloviendo está en los habares
y en las pardas sementeras;
hay sol en los encinares,
charcos por las carreteras.
Lluvia y sol. Ya se oscurece
el campo, ya se ilumina;
allí un cerro desparece,
allá surge una colina.
Ya son claros, ya sombríos
los dispersos caseríos,
los lejanos torreones.
Hacia la sierra plomiza
van rodando en pelotones
nubes de guata y ceniza.

Antonio Machado, Campos de Castilla (1912)

Libros

Libros

En ellos aprendemos ciertas cosas

y nuestra vida es suya en cierto modo.

Los vemos ordenados, pacientes, anhelantes.

Qué raro.

Si pensamos un poco,

resultan como extraños —y tan serios—

en nuestra intimidad, pero ya establecidos

saludo y conversación, ¿cómo evitar su influjo,

la  magia de su trato agradecido?

Son a ratos corteses y a veces nos hirieron;

oculta en sus penumbras vive una luz dorada.

Acabarán quizás en profusos catálogos

de libreros de viejo, sin saber en qué manos,

como antiguas amantes, hallarán su destino.

Morirán con nosotros, velándonos secretos.

Son páginas los sueños de un libro misterioso.

Felipe Benítez Reyes, Libros de poemas

Efemérides

La palabra efemérides es de origen latino (ephemerĭdes, plural de -is, -ĭdis, «de un día»), de género femenino y número plural, y tiene dos significados:  «libro o comentario en que se refieren los hechos de cada día», y también «sucesos notables ocurridos en la fecha en la que se está o de la que se trata, pero en años anteriores».

En un día como el de hoy, pero en 1808, nacía en Badajoz (Extremadura) el poeta romántico español José de Espronceda, del que muchos conocemos su popular Canción del Pirata. Pero este autor escribió muchos otros poemas y canciones (así como teatro, novela y artículos), de entre los cuales voy a destacar un fragmento de El Mendigo, que es una canción menos conocida pero igualmente bonita.

Y para mí no hay mañana,

Ni hay ayer;

Olvido el bien como el mal,

Nada me aflige ni afana;

Me es igual para mañana,

Un palacio, un hospital.

Vivo ajeno de memorias,

De cuidados libre estoy;

Busquen otros

Oro y glorias,

Yo no pienso

Sino en hoy.

Letras

 Combinándolas todas,

ordenan nuestro mundo,

y añaden un sonido al pensamiento,

y un eco de agua al mar,

y un vibrar de cristales fragilísimos

a todos los conjuros zozobrantes

que formulamos todos cada día.

Felipe Benítez Reyes, fragmento del poema  «Por orden alfabético»