Recursos sintácticos de los cuentos

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Y ahora perdona, lector, si empiezo la historia de otra manera.

«El señor Rysanek y el señor Schlegl», Cuentos de la Malá Strana

JAN NERUDA

 

El Diccionario de la lengua española define la palabra cuento como ‘narración breve de ficción’.

Este tipo de narraciones pueden ir dirigidas a un público adulto, en cuyo caso encontraremos recursos literarios habituales en relatos más largos.

Los cuentos se suelen asociar también a historias procedentes de la tradición oral, sobre todo las que están destinadas a los niños. También se llaman así los relatos contemporáneos escritos específicamente para el público infantil. Algunos de estos cuentos tienen como objetivo el aprendizaje de la lengua, hacer volar la imaginación, desarrollar la sensibilidad o ayudar a comprender ciertas cuestiones de la vida. En este caso, los recursos estilísticos (léxicos, sintácticos, etc.) suelen adaptarse a un público con un menor dominio de la lengua, pero no por ello menos exigente.

Algunos de los recursos que podemos encontrar en cuentos destinados a los niños son, por ejemplo:

  • El uso de la conjunción copulativa y a principio de una oración, sin enlazar con ninguna palabra o frase anterior. Además de dar énfasis y expresividad, produce una sensación de continuidad en la narración:

—El mundo no me interesa.

Y con estas palabras, el caracol se metió dentro de su casa y la selló.

  • El uso de la conjunción adversativa pero al principio de una oración, con el mismo propósito que en el caso anterior:

—¿Pero no deberíamos todos dar a los demás lo mejor de nosotros, no deberíamos ofrecerles cuanto pudiéramos?

  • El uso de la conjunción que detrás de adverbios de afirmación como , naturalmente, seguro, claroetc. Esto da énfasis a la expresión; se usa como mero refuerzo:

La tortuga sí que podía llegar a la meta, aunque no fuera tan rápida.

  • El uso de mayúsculas estilísticas. Se trata de escribir con mayúscula aquellas palabras que no deben llevarla según la norma (al comienzo de texto, después de punto y seguido o punto y aparte, etc.). Esto sucede cuando el autor decide destacarlas por razones de estilo:

Él tenía el Corazón Grande.

  • El uso de la conjunción causal porque al inicio de oración. Este es un recurso que se utiliza en función del sentido y la estructura gramatical que se quiere dar a los enunciados:

Aquel día no fui al colegio. Porque se me había ocurrido una idea mucho mejor.

  • El uso de diálogos cortos y claros:

—¿Qué quieres? —preguntó el herrador.

—Herraduras de oro —respondió el escarabajo.

—¡No estás bien de la cabeza! —replicó el otro.

  • El uso de onomatopeyas. Las onomatopeyas son palabras que se forman por imitación de un sonido: pío, pío, pío; quiquiriquí; ¡chof!; ja, ja, ja. Con ellas se experimenta la sonoridad del lenguaje:

Las gachas estaban malísimas, ¡puaj!

Entonces oyó cómo su hermano se caía de la silla, ¡pumba!

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Estructura del párrafo

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Del mismo modo que un texto se organiza en párrafos, el párrafo también tiene su propia estructura interna, que puede ser similar a la de un ensayo, pero adaptada a su tamaño:

Suele empezar con una introducción a la idea principal del párrafo, continuar con una parte en la que se desarrolla y explica la argumentación de esa idea (mediante ejemplos, comentarios, evidencias, comparación con ideas opuestas, etc.) y finalizar con una conclusión obtenida de lo anterior. Esta consideración es general, ya que en los textos literarios existe más libertad y depende del estilo de cada autor.

Para que un párrafo esté correctamente estructurado debe tener unidad significativa, es decir, referirse a una sola idea. Si queremos escribir sobre una distinta, debemos cambiar de párrafo. Lo que decidiremos poner en cada uno dependerá de nuestro proceso de «lluvia de ideas». Con ellas iremos componiendo el texto hasta obtener un buen razonamiento.

También debe tener coherencia. Para lograrla, es interesante utilizar sinónimos y pronombres —con lo que evitaremos repeticiones— y conectores discursivos, que facilitan la comprensión de la lectura. Evitar demasiados incisos, las expresiones innecesarias y las oraciones negativas también ayuda a entender bien lo que queremos decir. Además, las frases escritas con el orden lógico en español (sujeto + verbo + complementos) son más sencillas de leer, así como las que están bien puntuadas y no producen ambigüedad.

La idea principal del párrafo no tiene por qué aparecer en un lugar fijo dentro de él. Puede aparecer al principio (párrafo deductivo) o al final (párrafo inductivo).

Desde el punto de vista ortográfico, el párrafo siempre empieza con mayúscula. El punto y aparte indica el inicio de otro párrafo, aunque a veces se hace un punto y aparte dentro del mismo párrafo cuando su contenido se divide en varias secciones. Estas se llaman apartados y subapartados. Los apartados y subapartados se suelen numerar o  marcar con algún elemento gráfico (signos o topos).

La composición tipográfica del párrafo puede ser de varias clases, según el texto donde se vaya a utilizar:

  • Párrafo ordinario (comienza con una sangría, tiene todas las líneas llenas y termina con una más corta). Este es el tradicional.
  • Párrafo que comienza con letra capitular. Carece de sangría de primera línea.
  • Párrafo moderno o alemán (todas las líneas llenas, la última línea es corta).
  • Párrafo francés (comienza con una línea llena, y las siguientes llevan sangría).
  • Párrafo en bandera (en él las líneas se justifican por la derecha, por la izquierda o por los dos lados).
  • Párrafo español (la última línea es corta y centrada).
  • También se puede dejar un espacio en blanco después del punto y aparte, y entonces no es necesario usar sangrías.

Los títulos de las obras musicales

Los términos sinfonía, concierto, sonata, nocturno, etc. se escriben con inicial minúscula (son nombres comunes), salvo cuando forman parte de un título, donde se escriben con mayúscula si les corresponde por su posición.

Los títulos de obras musicales se escriben con resalte tipográfico (en cursiva), y no entre comillas. Esto ya delimita su extensión, por eso es suficiente con escribir en mayúscula solo la primera palabra:

Sinfonía n.º 6 en fa mayor, op. 68, de Ludwig van Beethoven

Misa en si bemol mayor, Hob. XXII: 14, de Joseph Haydn

Escribir en mayúscula todas las palabras del título es un anglicismo ortográfico.

La palabra número, cuando está vinculada al título de una obra, debe abreviarse siempre. Una abreviatura es la representación gráfica de una palabra (o grupo de palabras), que se obtiene por la eliminación de algunas letras o sílabas de la escritura completa y que siempre se cierra con un punto. En este caso, la abreviatura que se usa es n.º (con punto de abreviación entre la letra y el superíndice).

El título descriptivo puede ir entre comillas «Pastoral», «Misa de la armonía».

Los títulos de las canciones se escriben igual que los de las obras musicales:

Moon River, de Henry Mancini y Johnny Mercer

Don de fluir, de Jorge Drexler

La extensión correcta de un párrafo

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Hace algún tiempo me encargaron la corrección de un artículo relativamente corto, de unas cuatro o cinco páginas. Cuando empecé a leerlo, me di cuenta de que estaba compuesto por párrafos de una extensión idéntica. Cada uno tenía el mismo número de líneas, aunque muchos de los punto y aparte utilizados interrumpían la unidad significativa. Le sugerí al autor que era necesario corregir la estructura del texto, y más tratándose de un artículo de pocas páginas donde apenas había ninguna otra unidad jerárquica (capítulos, epígrafes, etc.). Su primera respuesta fue que a él le gustaba que todos los párrafos del artículo tuvieran la misma medida «porque quedaba más bonito».

Es verdad que el aspecto visual de lo que vamos a leer es importante. El texto debe ofrecer una buena imagen que invite a su lectura (un tipo y tamaño de letra adecuados, un buen uso de los recursos ortotipográficos, colores, etc.). La disposición de los párrafos en la página también influye: si hay pocos y muy largos, parece que la información está condensada en exceso. Si hay muchos y muy cortos, parece que las ideas se explican de manera inconexa o caótica. Ambas circunstancias dificultan la lectura.

El párrafo se distingue gráficamente en la página porque empieza en una línea nueva, con letra mayúscula, y termina con punto y aparte (o punto final si es el último). Sin embargo, las frases de las que se compone forman una unidad con valor significativo. La primera frase introduce la idea, y las siguientes la desarrollan. Si pasamos a otro párrafo antes de cerrar el anterior con una frase final (con la que recapitulemos o terminemos de explicar la idea) no se comprenderá bien lo que queremos exponer.

Aunque existen diversas recomendaciones, no hay una extensión ideal para el párrafo. Depende en gran medida del tipo de texto: por ejemplo, en la escritura periodística se suelen utilizar párrafos más breves, porque las columnas de los periódicos son estrechas e incluso los párrafos más cortos parecen largos. Se impone la brevedad y la concisión. Por el contrario, un informe, un ensayo o una tesis suelen tener párrafos más largos que ayudan al desarrollo de ideas más o menos complejas. Según esto, influiría entonces el tipo de lector y de lectura: no es lo mismo querer informarse de algún asunto con rapidez que leer sobre algún tema en profundidad. El tipo de soporte también determina la longitud de los párrafos: no es lo mismo leer en papel que en una pantalla (el lector en pantalla invierte muy poco tiempo en decidir si lee un texto o no).

Los distintos manuales de estilo recomiendan unas 100-150 palabras por párrafo, pero no hay una regla exacta. Lo importante es saber que cada párrafo representa una idea (cuya unidad significativa no se debe romper) y las ideas pueden ser de muchos tamaños. Se puede variar la longitud siempre que sea necesario para mantener el interés del lector, añadir énfasis o alcanzar el ritmo que uno desea: pueden constar de una línea o de veinte.

En ficción, los párrafos largos a menudo muestran a un narrador introspectivo, que observa el exterior para examinarlo atentamente en su interior y transmitirlo de una manera consciente. En cualquier tipo de escrito, los párrafos cortos (de una sola línea o frase) ofrecen un golpe de efecto, sobre todo si se usan al final, aunque es mejor no abusar de ellos si queremos mantener un ritmo adecuado.

Inicial correcta en sustantivos comunes II

Atención. Un nuevo caso de «mayusculitis» (la foto es del verano pasado, aunque no pude publicarla por falta de tiempo).

policía entrada blog

(diariodealcala.es, 23-agosto-2014)

Los sustantivos que aparecen subrayados (policía, comisaría y centro) son comunes; por tanto, lo correcto es escribirlos con inicial minúscula.

En cambio, la mayúscula en Policía Nacional es correcta, pues se trata del nombre propio de un tipo de policía (igual que ocurre con Policía Local o Policía Judicial).

Aunque parece sencillo detectar errores a la primera, en realidad no lo es. Si se lee muy rápido un texto (como sucede a menudo), el cerebro tiende a completar las palabras y las frases. Si alguno de los lectores encuentra el error que no he marcado, puede usar los comentarios y así participar en la entrada (pero sin hacer trampa… hay que encontrarlo en la primera lectura).

alter ego

alter ego subrayado

(diariodealcala.es, 25-agosto-2014)

Hasta ahora la Academia recomendaba escribir las expresiones latinas en letra redonda y con las tildes resultantes de aplicarles las reglas de acentuación españolas. Antes, esto era lo correcto. Sin embargo, la nueva edición de la ortografía (2010) establece que estas locuciones deben escribirse en cursiva (o entre comillas), como cualquier otra expresión extranjera, y sin acentos gráficos.

Por tanto, la escritura correcta de la frase sería:

Su alter ego sobre el escenario es Nancy Anoréxica […].

O también:

Su «alter ego» sobre el escenario es Nancy Anoréxica […].

Se exceptúan los extranjerismos y latinismos adaptados (aquellos que han modificado su grafía para adaptarse a nuestra lengua) como, por ejemplo, fútbol, pádel, módem, réquiem, etc.

Inicial correcta en sustantivos comunes

mayúsculas rey/reina

 (larazon.es 23-agosto-2014)

Los antenombres don y doña son sustantivos comunes, por lo que se escriben con minúscula inicial: «doña Letizia».

Los sustantivos reyreina también son comunes; por tanto, se escriben igualmente con minúscula:

«Sorprendió ver a la reina con una camiseta […].»

«El rey, por su parte […].»

«La reina llevaba en la mano unas entradas […].»

El tratamiento protocolario Sus Majestades puede escribirse con mayúsculas iniciales solo si no va seguido del nombre propio de las personas a las que se refiere, aunque tampoco es obligado:

«No es la primera vez que Sus Majestades/sus majestades acuden a esta sala […].»

«No es la primera vez que sus majestades don Felipe y doña Letizia acuden a esta sala […].»

No hay ninguna norma lingüística que justifique el empleo de la mayúscula inicial en estos casos.

El uso de los extranjerismos look, animal print y jeans es innecesario. Se pueden sustituir por los sustantivos imagen (o aspecto), estampado de animal y pantalón vaquero, respectivamente. Si se conservan las formas inglesas, deben escribirse con diferenciación gráfica, preferiblemente en cursiva (en el caso de no tener cursivas serían válidas las comillas):

«Este fue el look elegido ayer por doña Letizia […].»

«[…] un bolso animal print […].»

«[…] eligió una camisa bordada con un toro de Osborne y unos jeans […].»