Una lengua inventada

Los filólogos sabemos que por mucho que podamos reconstruir la forma anterior de las palabras observando su evolución, siempre llegamos a un punto donde no es posible retroceder más. Es cuando nos perdemos en hipotéticas conclusiones, porque carecemos de elementos (reproducciones escritas en cualquier tipo de soporte)  que prueben nuestras teorías. A día de hoy no es posible saber el momento exacto, dónde, por qué ni quién empezó a hablar una lengua, ni tampoco cómo era esa lengua en sus inicios, cuando todavía no existía la escritura para representarla y que perdurase de alguna manera en el tiempo.

Por eso, una vez inventada la escritura, la creación de una lengua precisamente basada en ella es un descubrimiento sorprendente, sobre todo si se ha mantenido secreta durante cientos de años. ¿Quién no ha inventado de pequeño algún «idioma» para comunicarse con sus amigos y que nadie más lo entendiera? (Esos mensajes que volaban por la clase en lenguaje cifrado…). Pues algo parecido hizo un grupo de campesinas de la provincia de Hunan, en China. Ni cortas ni perezosas, se inventaron una lengua llamada nu shu, que significa algo así como «escritura de mujeres», y como su propio nombre indica, se trata de un código escrito, creado y usado exclusivamente por ellas en la región mencionada.

El nu shu está formado por caracteres de la lengua china y por caracteres inventados, y el dibujo de todos ellos tiene un aspecto más fino en su forma que los tradicionales chinos, que son algo más cuadrados. Al parecer las mujeres que usaban esta lengua lo hacían porque no se les había enseñado hanzi, que es la escritura que se usaba en aquella zona; y solían plasmar los preciosos caracteres en abanicos y pañuelos de seda. La parte triste de la historia es que el nu shu servía para la comunicación entre ellas debido a que a partir de los 7 años de edad no podían salir de casa, primero de la suya y más tarde de la de sus maridos (esta última a menudo en un pueblo diferente, lo cual las alejaba de sus familiares y amigas íntimas). La discriminación social que sufrían las mujeres en aquella sociedad las encerraba en los interiores de las viviendas, desde donde contemplaban el mundo exterior: el de los hombres. Su única manera de expresarse y comunicarse era mediante el nu shu; una lengua oculta y al mismo tiempo a la vista de todos en los pañuelos y abanicos.

La historia del nu shu se descubrió alrededor del año 1992 y se cree que todavía hay mujeres que la conocen y saben escribirla. La novelista americana de origen chino Lisa Lee se inspiró en ella para escribir su novela Snow flower and the secret fan (El abanico de seda, en español), que recientemente también se ha convertido en película.

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