Sutil diferencia…

 Helado: Muy frío (de temperatura muy inferior a la ordinaria del ambiente).

Congelado: Extremadamente frío.

(Diccionario de la Real Academia Española). 

 

(Viñeta de Forges)

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Letras

 Combinándolas todas,

ordenan nuestro mundo,

y añaden un sonido al pensamiento,

y un eco de agua al mar,

y un vibrar de cristales fragilísimos

a todos los conjuros zozobrantes

que formulamos todos cada día.

Felipe Benítez Reyes, fragmento del poema  «Por orden alfabético»

Las comillas, el pueblo y su encanto

pueblo con "encanto"

Entre los signos de puntuación dobles que existen en español nos encontramos, por ejemplo, con las comillas. Las comillas pueden ser latinas  « », inglesas ”   “ y simples ‘  ‘. Su forma con doble trazo angular o semicircular tiene su origen en el siglo XVI, en el que pasaron de ser una marca escrita al margen para señalar algo al lector, a introducirse en el texto para la misma finalidad, con lo que se convirtieron en signo de puntuación. Se usan las comillas en los siguientes casos:

  1. Para enmarcar citas textuales.
  2. Para señalar palabras extranjeras que no aparecen en el diccionario de la Academia y no se puedan poner en cursiva por alguna razón.
  3. Para señalar que una palabra es de creación propia o no reconocida académicamente (y por tanto, tampoco figura en el diccionario de la Academia).
  4. Para indicar, mediante la ironía, que algo debe entenderse al revés de como se dice.

Hace unos días, mientras paseaba, encontré este cartel pegado al escaparate de una tienda. Si hacemos caso de las normas de uso de las comillas, la verdad es que el entrecomillado (palabra o palabras citadas entre comillas) solo puede corresponder a la número 4. Cuestión, sin duda, inquietante: miedo me da el tipo de encanto que tendrá el pueblo.

Eso sí, al parecer las vistas son bonitas…

Publicidad con errores

La publicidad puede definirse como una serie de métodos que intentan influir en el comportamiento de las personas y persuadirlas para consumir productos o contratar servicios determinados. Para ello, cuando el mensaje publicitario aparece de forma impresa, utiliza dos vehículos fundamentales: la imagen y la lengua.

Si nos centramos exclusivamente en el componente verbal de la publicidad, es importante señalar tanto la tipografía, que sirve para destacar y llamar la atención sobre algún elemento, como el mensaje, que ofrece información esencial para realzar el producto. Esto se consigue con la función fática del lenguaje (que mantiene la atención del lector) y la función conativa (que es la que pretende conseguir una reacción por parte del receptor).

El texto debe ser sencillo, claro y homogéneo; y ha de tener en cuenta a quién va dirigido el mensaje (lector o consumidor potencial).

El anuncio que me sirve de ejemplo para estas cuestiones relacionadas con los textos publicitarios y su corrección lo encontré en un número de la revista Altagama Motor publicado en el verano de 2010. En él se observan las normas fundamentales de denotación (se informa del objeto, se muestran sus cualidades y se invita a su compra) y connotación (se reflejan pautas de conducta, comportamientos, conceptos de moda, belleza o éxito asociados al producto).

Pero algo falla en la composición del mensaje. Para que pueda cumplir con todos sus objetivos hace falta una cuestión fundamental: que sea comprensible por el lector. El problema es que la traducción es muy mala, pero al menos podría solucionarse con una buena revisión que lo liberara de errores ortográficos, tipográficos, léxicos y sintácticos. Sobre todo en una marca que incluye entre sus conceptos la exclusividad.

Puedes ver el anuncio aquí. (Foto tomada de la revista Altagama Motor. 2010).

¿No es cierto que, aparte de entenderse mejor el mensaje, daría también una apariencia más agradable, profesional y cuidada? ¿Incluso generaría más confianza?

La pluma es lengua del alma

 

 Ten en cuenta Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de erutar delante de nadie.

̶ Eso de erutar no entiendo  ̶ dijo Sancho.

Y don Quijote le dijo:

̶ Erutar, Sancho, quiere decir regoldar, y este es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy significativo; y así, la gente curiosa se ha acogido al latín, y al regoldar dice erutar, y a los regüeldos, erutaciones; y cuando algunos no entienden estos términos, importa poco, que el uso los irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entiendan, y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso.

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha (2.ª parte, capítulo XLIII)