Trapisonda

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Trapisonda

Agitación del mar, formada por olas pequeñas que se cruzan en diversos sentidos y cuyo ruido se oye a bastante distancia.

Diccionario de la lengua española – Entrada: trapisonda |

Imagen: Emiliano Arano

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Feliz Navidad 2018

Recursos sintácticos de los cuentos

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Y ahora perdona, lector, si empiezo la historia de otra manera.

«El señor Rysanek y el señor Schlegl», Cuentos de la Malá Strana

JAN NERUDA

 

El Diccionario de la lengua española define la palabra cuento como ‘narración breve de ficción’.

Este tipo de narraciones pueden ir dirigidas a un público adulto, en cuyo caso encontraremos recursos literarios habituales en relatos más largos.

Los cuentos se suelen asociar también a historias procedentes de la tradición oral, sobre todo las que están destinadas a los niños. También se llaman así los relatos contemporáneos escritos específicamente para el público infantil. Algunos de estos cuentos tienen como objetivo el aprendizaje de la lengua, hacer volar la imaginación, desarrollar la sensibilidad o ayudar a comprender ciertas cuestiones de la vida. En este caso, los recursos estilísticos (léxicos, sintácticos, etc.) suelen adaptarse a un público con un menor dominio de la lengua, pero no por ello menos exigente.

Algunos de los recursos que podemos encontrar en cuentos destinados a los niños son, por ejemplo:

  • El uso de la conjunción copulativa y a principio de una oración, sin enlazar con ninguna palabra o frase anterior. Además de dar énfasis y expresividad, produce una sensación de continuidad en la narración:

—El mundo no me interesa.

Y con estas palabras, el caracol se metió dentro de su casa y la selló.

  • El uso de la conjunción adversativa pero al principio de una oración, con el mismo propósito que en el caso anterior:

—¿Pero no deberíamos todos dar a los demás lo mejor de nosotros, no deberíamos ofrecerles cuanto pudiéramos?

  • El uso de la conjunción que detrás de adverbios de afirmación como , naturalmente, seguro, claroetc. Esto da énfasis a la expresión; se usa como mero refuerzo:

La tortuga sí que podía llegar a la meta, aunque no fuera tan rápida.

  • El uso de mayúsculas estilísticas. Se trata de escribir con mayúscula aquellas palabras que no deben llevarla según la norma (al comienzo de texto, después de punto y seguido o punto y aparte, etc.). Esto sucede cuando el autor decide destacarlas por razones de estilo:

Él tenía el Corazón Grande.

  • El uso de la conjunción causal porque al inicio de oración. Este es un recurso que se utiliza en función del sentido y la estructura gramatical que se quiere dar a los enunciados:

Aquel día no fui al colegio. Porque se me había ocurrido una idea mucho mejor.

  • El uso de diálogos cortos y claros:

—¿Qué quieres? —preguntó el herrador.

—Herraduras de oro —respondió el escarabajo.

—¡No estás bien de la cabeza! —replicó el otro.

  • El uso de onomatopeyas. Las onomatopeyas son palabras que se forman por imitación de un sonido: pío, pío, pío; quiquiriquí; ¡chof!; ja, ja, ja. Con ellas se experimenta la sonoridad del lenguaje:

Las gachas estaban malísimas, ¡puaj!

Entonces oyó cómo su hermano se caía de la silla, ¡pumba!

Lewis Carrol

alice in wonderland

Viñeta de Liniers

Coma incorrecta entre sujeto y predicado

(elpais.com, 4-septiembre-2018)

«Si el sujeto es largo, suele hacerse oralmente una pausa y una inflexión tonal antes del comienzo del predicado, pero esta frontera fónica no debe marcarse gráficamente mediante coma». (Ortografía de la lengua española, 2010).

La lengua oral y la lengua escrita son dos códigos distintos con sus propias cualidades.

Nimiedad

nimiedad copy(elpais.com, 28-enero-2018)

La palabra nimiedad proviene del sustantivo del latín tardío nimiĕtas, -ātis, derivado del adjetivo latino nimius  ‘excesivo’, ‘abundante’.

Este significado etimológico permanece en español, como podemos leer en el Diccionario de la lengua española (23.ª edición, Real Academia Española, 2014):

nimiedad

2. f. Exceso, demasía.

nimio, mia

2. adj. Dicho generalmente de algo no material: Excesivo, exagerado.

También lo encontramos en el Diccionario de uso del español de María Moliner (4.ª edición, Gredos, 2016):

nimiedad

1. f. Cualidad de nimio.

nimio, -a

1. adj. Excesivo.

Quizá debido a su semejanza con mínimo (‘muy pequeño’), los hablantes interpretaron mal la palabra nimio y terminó usándose con el significado contrario.

Ya encontramos una advertencia en el Diccionario de Autoridades (Real Academia Española, 1726-1739):

Diccionario de Autoridades – Tomo IV (1734)

NIMIEDAD. En el estilo familiar se usa por poquedad o cortedad: y se debe corregir, pues significa esta voz totalmente lo contrario.

Sin embargo, esta acepción contraria triunfó con el uso que le dieron los hablantes (igual que sucedió con otras voces, como álgido o lívido), y, ahora, nimiedad y nimio, -a tienen dos significados opuestos. La Academia coloca en primer lugar el no etimológico, ya que es el más común.

nimiedad

1. f. Pequeñez, insignificancia.

2. f. Exceso, demasía.

nimio, -a

1. adj. Dicho generalmente de algo no material: Insignificante, sin importancia.

2. adj. Dicho generalmente de algo no material: Excesivo, exagerado.

(Diccionario de la lengua española, 23.ª edición, Real Academia Española, 2014).

Ambos términos tienen también una tercera acepción: ‘prolijidad, minuciosidad’ (nimiedad), y ‘prolijo’, ‘minucioso’, ‘escrupuloso’ (nimio, -a).

En lengua inglesa, nimiety (nimiedad) y nimious (nimio, -a) provienen de los mismos vocablos latinos, pero solo tienen el significado etimológico (‘exceso’ y ‘excesivo’). Aunque forman parte del vocabulario inglés desde hace más de 450 años, los anglohablantes apenas utilizan estos términos.

Estructura del párrafo

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Del mismo modo que un texto se organiza en párrafos, el párrafo también tiene su propia estructura interna, que puede ser similar a la de un ensayo, pero adaptada a su tamaño:

Suele empezar con una introducción a la idea principal del párrafo, continuar con una parte en la que se desarrolla y explica la argumentación de esa idea (mediante ejemplos, comentarios, evidencias, comparación con ideas opuestas, etc.) y finalizar con una conclusión obtenida de lo anterior. Esta consideración es general, ya que en los textos literarios existe más libertad y depende del estilo de cada autor.

Para que un párrafo esté correctamente estructurado debe tener unidad significativa, es decir, referirse a una sola idea. Si queremos escribir sobre una distinta, debemos cambiar de párrafo. Lo que decidiremos poner en cada uno dependerá de nuestro proceso de «lluvia de ideas». Con ellas iremos componiendo el texto hasta obtener un buen razonamiento.

También debe tener coherencia. Para lograrla, es interesante utilizar sinónimos y pronombres —con lo que evitaremos repeticiones— y conectores discursivos, que facilitan la comprensión de la lectura. Evitar demasiados incisos, las expresiones innecesarias y las oraciones negativas también ayuda a entender bien lo que queremos decir. Además, las frases escritas con el orden lógico en español (sujeto + verbo + complementos) son más sencillas de leer, así como las que están bien puntuadas y no producen ambigüedad.

La idea principal del párrafo no tiene por qué aparecer en un lugar fijo dentro de él. Puede aparecer al principio (párrafo deductivo) o al final (párrafo inductivo).

Desde el punto de vista ortográfico, el párrafo siempre empieza con mayúscula. El punto y aparte indica el inicio de otro párrafo, aunque a veces se hace un punto y aparte dentro del mismo párrafo cuando su contenido se divide en varias secciones. Estas se llaman apartados y subapartados. Los apartados y subapartados se suelen numerar o  marcar con algún elemento gráfico (signos o topos).

La composición tipográfica del párrafo puede ser de varias clases, según el texto donde se vaya a utilizar:

  • Párrafo ordinario (comienza con una sangría, tiene todas las líneas llenas y termina con una más corta). Este es el tradicional.
  • Párrafo que comienza con letra capitular. Carece de sangría de primera línea.
  • Párrafo moderno o alemán (todas las líneas llenas, la última línea es corta).
  • Párrafo francés (comienza con una línea llena, y las siguientes llevan sangría).
  • Párrafo en bandera (en él las líneas se justifican por la derecha, por la izquierda o por los dos lados).
  • Párrafo español (la última línea es corta y centrada).
  • También se puede dejar un espacio en blanco después del punto y aparte, y entonces no es necesario usar sangrías.