Coma en las repeticiones enfáticas

En el habla coloquial, con frecuencia repetimos una palabra para dar énfasis o expresividad. También puede indicar cuantificación; por ejemplo, cuando decimos que un guiso está rico rico es porque nos parece que está muy rico o riquísimo.

Si repetimos un adverbio, pasa lo mismo: algo que es muy muy agradable, de alguna manera, nos parece mejor que algo que solo es muy agradable.

Quizá porque al hablar hacemos una ligera pausa entre las palabras repetidas o porque sentimos que, precisamente por repetirse, debería reflejarse cierta pausa en la escritura, tendemos a poner una coma cuando escribimos estas reduplicaciones, pero no es correcto.

Si bien escribir una coma a veces coincide con la presencia de una pausa en la cadena hablada, no siempre es así, ya que el uso de la coma tiene más que ver con delimitar unidades lingüísticas y con organizar las ideas por parte de quien escribe.

Es correcto escribir coma entre dos palabras repetidas, pero solo cuando son independientes sintácticamente una de la otra (esto es, forman dos unidades lingüísticas). Por ejemplo, cuando usamos la repetición para manifestar insistencia: «¡Fuego, fuego!» gritaban los vecinos; Niños, niños, guardad silencio. En estos ejemplos, escribimos una coma porque los dos elementos no dependen uno del otro. Cada uno significa lo mismo por sí solo y es independiente sintácticamente.

En cambio, en el caso de rico rico o muy muy agradable (o muy muy fijamente) los dos elementos repetidos dependen uno del otro de alguna manera: uno modifica al otro para matizar el significado, por eso no podemos separarlos sintácticamente mediante una coma. Se puede entender mejor si pensamos que muy muy agradable equivaldría a extremadamente agradable, donde tampoco separamos el adverbio del adjetivo con una coma.

La coma de sujeto

La coma que se escribe entre sujeto y verbo no es correcta. Aparece a menudo cuando corrijo textos, quizá debido a un error común: relacionar la puntuación con la entonación.

Aunque a algunas personas les parezca un asunto baladí, puntuar de manera incorrecta significa organizar mal las ideas. Eso puede llevar a confusiones, malentendidos o ambigüedades al leer un texto (o a que no se entienda nada).

Al hablar usamos un tono de voz, una velocidad, una intensidad, unos cambios de ritmo, etc.; pero esos elementos acústicos no tienen reflejo gráfico en la escritura. El habla y la escritura son dos códigos relacionados pero independientes (el primero se dirige a alguien que escucha y el segundo a alguien que lee, normalmente en voz baja). Los grupos de entonación pueden coincidir, pero no necesariamente.

La coma ofrece información relevante para interpretar lo que está escrito, no para indicar que nos paramos cuando hablamos. Por tanto, no es correcto escribir coma entre el sujeto y el verbo de una oración, porque al hacerlo estamos separando los elementos de una unidad sintáctica.

El lingüista peruano Alfredo Valle Degregori llamó a esta coma coma criminal. También recibe el nombre de coma asesina.

La frase correcta en el caso de la foto sería la siguiente:

«Te diré que el padre de Eva era el anestesista de mi padre».

Una frase bien construida…

El día 27 de octubre se celebra el Día Internacional de la Corrección de Textos. Esta fecha se eligió por ser el aniversario del nacimiento de Erasmo de Róterdam (1466-1536) filósofo humanista, filólogo y teólogo neerlandés, reconocido por su dedicación al mundo editorial.

Quizá todos los lectores tengan esta sensación: una frase bien construida corre a través de la mente lectora como la cuerda corre a través de las manos, pero cuando la frase contiene errores o ambigüedades que hacen que se pierda la concentración, una sintaxis excéntrica o un empleo vomitivo del vocabulario o la gramática, su avance se detiene o se entorpece.

Eley WILLIAMS, El diccionario del mentiroso

Imagen de Anne Karakash en Pixabay.

El nombre del olor a tierra mojada

Lo que llamas «olor a tierra mojada» tiene un nombre.

Es un olor que a los seres humanos nos resulta agradable. También somos muy sensibles a él, quizá porque nuestros ancestros dependían del clima lluvioso para sobrevivir.

Dos científicos australianos, Isabel Bear y Dick Thomas, investigaron este fenómeno en 1964 y llegaron a la conclusión de que ese efluvio se compone de una sustancia química llamada geosmina (en griego, ‘aroma de la tierra’) y un aceite que exudan algunas plantas durante periodos de sequía.

La geosmina está formada por bacterias; algunas de ellas se encuentran en el suelo y se perciben sobre todo cuando la tierra está húmeda. Ese aceite que rezuman las plantas cuando hay épocas en las que no llueve les sirve para retrasar su germinación y así esperar a que se den las mejores condiciones para crecer.

Cuando las gotas de lluvia caen sobre una superficie porosa, el aire que sale por esos poros forma pequeñas burbujas que flotan sobre el suelo y desprenden aerosoles que transportan el aroma, las bacterias y los virus de la tierra.

Las gotas que se mueven más despacio tienden a producir más aerosoles, por eso el olor se nota más cuando la lluvia es fina.

La nariz humana es extremadamente sensible a la geosmina y es capaz de detectarla en concentraciones muy bajas.

El nombre que recibe ese olor que notamos después de la lluvia es petricor, del griego petra (πέτρα) ‘piedra’ e icor (ἰχώρ) ‘sangre de los dioses’.

Petricor no está en el Diccionario, y es una adaptación al español del nombre (en inglés, petrichor) que le dieron los dos químicos australianos en 1964.

Imagen: SplitShire from Pixabay.

Ortografía del número mil

(abc.es, 20-04-2020)

Mil es un numeral cardinal que significa ‘diez veces cien’. Cuando se emplea para nombrar la cifra, es un sustantivo masculino: El mil es un número redondo. También puede funcionar como adjetivo, como en Su biblioteca tiene mil libros, y como pronombre: —¿Tiene muchos defectos? —Mil.

En plural significa ‘millares’ y normalmente le sigue un complemento introducido por la preposición de: Había miles de personas en la manifestación. Miles es masculino, así que cuando va precedido de un artículo o un determinante, ese artículo (o determinante) tiene que concordar en masculino: Desde allí podía observar los miles de estrellas (no *las miles de estrellas).

Mil es una palabra simple. Sus múltiplos, aunque se pronuncien como una unidad, son complejos, ya que por tradición mantienen la independencia gráfica de sus componentes: dos mil, tres mil, cuatro mil… Sin embargo, si los usamos para referirnos a montañas, se convierten en sustantivos lexicalizados; por tanto, podemos escribir: Escaló su primer «tresmil» después de la operación. También, en este caso, al ser sustantivos pueden formar plural: Este es el listado de «ochomiles» para proponer su escalada.

En general, las cantidades que expresan tiempo se escriben con letras: dentro de seis horas; hace mil años.

Los números que pueden expresarse en una sola palabra se escriben preferentemente en palabras y no en cifras: dos, cuarenta, cien… Esto es por razones estéticas y de claridad. En documentos técnicos es mejor escribirlos con cifras.

Cuando escribimos un múltiplo de mil, no es correcto combinar cifras y palabras: *10 mil. Lo adecuado es escribirlo todo con cifras (10 000) o con palabras (diez mil). Es la misma razón por la que no escribimos, por ejemplo, *40 y cuatro, sino 44 o cuarenta y cuatro.

Los números escritos con cifras se escriben con ellas seguidas mientras sean grupos de hasta cuatro elementos: 30, 178, 2567, etc., porque son las secuencias que el cerebro es capaz de reconocer intuitivamente. Por tanto, los elementos de cualquier número de cuatro cifras (como es el caso de 1000) no se separan con punto ni con ningún otro recurso, ya que no es necesario. Es posible que algunos libros de estilo no sigan esta norma ortográfica.

En cambio, si los números tienen más de cuatro cifras, hay agrupar los elementos de tres en tres (empezando por la derecha) para facilitar la lectura. Esto se hace utilizando lo que llamamos en tipografía espacio fino, que es un espacio un poquito más pequeño que el espacio normal: 10 567. No se usa el punto ni la coma para separar los grupos de tres dígitos, sino el espacio fino, por razones de unificación y para evitar confusiones: en unos países se usa el punto como separador de millares y en otros como separador decimal, y lo mismo ocurre con la coma (esta norma tiene como excepción los casos de documentos contables o de otro tipo donde exista riesgo en la transmisión exacta de la cifra, entonces no debemos usar el espacio fino).

Aunque en esta entrada no quería referirme a otros defectos del fragmento que he elegido como imagen (que los tiene, y eso que solo son cinco líneas…), me gustaría comentar al menos el error en la primera frase: *La mayoría de piezas son de la era vikinga, donde nos encontramos con una construcción partitiva del tipo la mayoría de + sustantivo. En este tipo de construcciones, el sustantivo debe ir precedido de artículo. Por tanto, la frase correcta es: La mayoría de las piezas son de la era vikinga.